domingo 8 de enero de 2012

Rehén Por Siempre, páginas 90-93

"Hubo medios de comunicación que demostraron su solidaridad al cuidarse de difundir información que pudiera perjudicar a los rehenes, pero debo decir que otros, la gran mayoría, actuaron con una ligereza que denotaba su indiferencia entre el riesgo que corríamos, y no solo nosotros, el país entero... Una conocida revista extranjera que suele llamar guerrilleros a los terroristas publicó un artículo que tituló: '¿Quién será el primero?". Otros medios publicaron información personal de cada uno de los rehenes, sin importarles si con ellas nos exponían a posibles represalias de nuestros captores... Hubo dos estaciones radiales, Cora y Libertad, desde las cuales se nos atacó permanentemente, hasta el extremo de decir que éramos un grupo de oligarcas que merecíamos la muerte... Permanentemente informaban a los subversivos sobre los movimientos de los policías en el perímetro de la residencia... Otros medios, aunque más serios y reconocidos, irresponsablemente difundieron información sobre mis antecedentes antiterroristas... A mediados de enero se publicó en El Comercio datos de mi vida personal y profesional, incluidas mis experiencias en la guerra antisubversiva. Cerpa Cartolini, al enterarse, me hizo una especie de juicio militar... Con su prepotencia habitual, me preguntó:
- ¿Usted es el almirante Giampietri?
- Sí.
- ¿Ha sido jefe de Operaciones de la Marina?
- Sí.
- Ello implica que es enemigo de la revolución. Usted ha participado directamente en la ejecución de nuestros compañeros...
La ligereza y frialdad con que los políticos y la prensa opinaban sobre la situación de poner en riesgo nuestras vidas e irrumpir violentamente en la residencia nos producía tal vez, la peor de las sensaciones que experimentamos durante el encierro. Estábamos en el mundo, pero no éramos de él. Nos consideraban prescindibles y a nuestra posible muerte, un riesgo menor posible de correr. Habíamos sido relegados a la posición de meros espectadores de la decisión de otros sobre nuestras vidas. No obstante algunos no estábamos dispuestos a mantenernos en la pasividad de nuestro tormento: estábamos involucrados y debíamos buscar la forma de intervenir en el rumbo de los acontecimientos". p.90-93