domingo 8 de enero de 2012

Rehén Por Siempre, páginas 113-114

"Al tercer día de encierro, los emerretistas decidieron decomisar los aparatos de comunicación... A mi (almirante Luis Giampietri) no me habían dejado comunicarme en ningún instante, pues yo pertenecía al grupo de los que consideraban peligroso y enemigo acérrimo; no merecedor de ninguna concesión... Uno de los primeros días de cautiverio, los emerretistas entraron a cada una de las habitaciones y nos colocaron en la fila para revisarnos un por uno. El comandante del Ejército Roberto Fernández mantuvo su beeper en el bolsillo y se lo acercó lo más que pudo a los testículos. el subversivo que lo revisó le paló el cuerpo por completo pero evitó tocar esas zonas. Fernández logró conservar su artefacto, y con él, el medio que nosotros utilizaríamos para influir en lo posible de nuestro futuro... Debíamos conseguir baterías adecuadas (para el beeper). Sabíamos que no podíamos pedírselas a la Cruz Roja... La única forma de conseguirlas sería apoderarnos de las pilas de los celulares decomisados. El problema era saber dónde estaban. Ninguno de los que conocíamos de la existenica del beeper sabíamos dónde los habían escondido, pero el comandante Heredia me comentó que él había visto que los colocaban en unas bolsas plásticas negras usadas para la basura... Después de escarbar, el integrante de la Cruz Roja encontró la bolsa y la regresó a la casa (a pedido, por suerte, de Cerpa)... cuando ya los emerretistas no le prestaban mayor atención, sustrajimos la bolsa y, en un baño, les sacamos las pilas a todos los aparatos. Conseguimos seis o siete pilas, las cuales nos permitió tener energía hasta el final del cautiverio." p.113-114 Rehén por Siempre. Chavín de Huántar