"Al tercer día de encierro, los emerretistas decidieron decomisar los
aparatos de comunicación... A mi (almirante Luis Giampietri) no me
habían dejado comunicarme en ningún instante, pues yo pertenecía al
grupo de los que consideraban peligroso y enemigo acérrimo; no merecedor
de ninguna concesión... Uno de los primeros días de cautiverio, los
emerretistas entraron a cada una de las habitaciones y
nos colocaron en la fila para revisarnos un por uno. El comandante del
Ejército Roberto Fernández mantuvo su beeper en el bolsillo y se lo
acercó lo más que pudo a los testículos. el subversivo que lo revisó le
paló el cuerpo por completo pero evitó tocar esas zonas. Fernández logró
conservar su artefacto, y con él, el medio que nosotros utilizaríamos
para influir en lo posible de nuestro futuro... Debíamos conseguir
baterías adecuadas (para el beeper). Sabíamos que no podíamos pedírselas
a la Cruz Roja... La única forma de conseguirlas sería apoderarnos de
las pilas de los celulares decomisados. El problema era saber dónde
estaban. Ninguno de los que conocíamos de la existenica del beeper
sabíamos dónde los habían escondido, pero el comandante Heredia me
comentó que él había visto que los colocaban en unas bolsas plásticas
negras usadas para la basura... Después de escarbar, el integrante de la
Cruz Roja encontró la bolsa y la regresó a la casa (a pedido, por
suerte, de Cerpa)... cuando ya los emerretistas no le prestaban mayor
atención, sustrajimos la bolsa y, en un baño, les sacamos las pilas a
todos los aparatos. Conseguimos seis o siete pilas, las cuales nos
permitió tener energía hasta el final del cautiverio." p.113-114 Rehén
por Siempre. Chavín de Huántar
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