"Si bien las
atenciones de la Cruz Roja eran bienvenidas, ciertas actitudes de
algunos de sus representantes inspiraron recelo... los propios
socorristas se encargaban de atender tanto a secuestrados como a
secuestradores, cosa que, por principio, resultaba extraña, hasta incómoda.
Este hecho generó grandes polémicas entre los rehenes... Un rehén contó
que cuando el médico de la Cruz Roja le realizaba un chequeo, le
preguntó si esta experiencia de cautiverio le había servido para cambiar
y mejorar como persona. El rehén, indignado, había respondido que sí
había cambiado, pero que lo hizo para mal, pues este injusto encierro
había despertado sus peores sentimientos hacia los terroristas. Uno de
los primeros miembres de la Cruz Roja con estas características fue Jean
Pierre Schaerer... tenía un enorme prejuicio contra las FFAA. No nos
dirigía la palabra, casi ni nos miraba y se negaba a ayudarnos incluso
en nimiedades. Cuando se alquiló una casa cercana a la residencia para
que se efectuaran las conversaciones entre los miembros del MRTA y del
Gobierno, se colocó en ella un teléfono para coordiinar con los
secuestradores... En dicha casa siempre pernoctaba un miembro de la Cruz
Roja para resguardar la residencia... Sin embargo, pude comprobar que
cada vez que Schaerer estaba de guardia en la otra casa, el teléfono
sonaba a eso de las dos o tres de la mañana y los terroristas hablaban
largo rato con él. Probablemente los hombres de inteligencia captaron
estas conversaciones, pues Schaerer fue declarado persona non grata por
el Gobierno peruano y tuvo que salir del país el 16 de abril." p.101-103
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