"Mi problema estomacal significó una gran incomodidad que me obligaba a
ir al baño unas doce o trece veces al día, por lo cual, bromeando, les
decía a mis compañeros que me estaba fugando paulatinamente por el
water. Los baños, como consecuencia del ácido con que se disolvían las
heces, producían un olor que se impregnaba en la ropa... Monseñor
Cipriani contó luego que una de las cosas que más le impactaban cuando
llegaba a la residencia eran el hedor y la pestilencia que despedíamos."
p.81. Rehén Por Siempre. Operación Chavín de Huántar
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